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Un año para olvidar: las claves del descenso de la Cultural

por J. C. Álvarez Alaiz

Del sueño del ascenso a la dura realidad de Primera Federación apenas doce meses después

La historia se ha repetido. Igual que sucedió en 2018, la Cultural y Deportiva Leonesa no ha conseguido asentarse en el fútbol profesional y regresa a Primera Federación apenas una temporada después de lograr el ascenso. El descenso consumado tras la derrota ante el Burgos pone punto final a un curso que será recordado como uno de los más decepcionantes de los últimos años en el Reino de León.

La temporada comenzó cargada de ilusión. La ciudad había recuperado la categoría perdida años atrás, la afición respondió como nunca y el club alcanzó cifras récord de abonados. León volvía a sentirse parte del fútbol profesional y el Reino de León recuperaba el ambiente de las grandes citas.

Sin embargo, pronto comenzaron a aparecer las primeras señales de alarma.

Una plantilla que nunca terminó de dar el nivel

Uno de los principales problemas de la Cultural estuvo en la confección de la plantilla. El salto de Primera Federación a Segunda División resultó mucho mayor de lo esperado y el equipo nunca logró adaptarse a las exigencias de una categoría tremendamente competitiva.

Los refuerzos llamados a marcar diferencias no terminaron de hacerlo y el equipo mostró carencias evidentes durante toda la temporada. Faltó gol, faltó contundencia defensiva y, sobre todo, faltó la capacidad de competir en los momentos decisivos.

La Cultural fue uno de los equipos que más partidos perdió por detalles mínimos. Una realidad que se convirtió en una constante especialmente durante la segunda vuelta, cuando los leoneses dejaron escapar puntos en numerosos encuentros en los minutos finales.

Tres entrenadores para un mismo problema

La inestabilidad también llegó al banquillo.

Raúl Llona, el técnico del ascenso, apenas pudo dirigir las primeras jornadas antes de ser destituido. Su sustituto fue Cuco Ziganda, que logró dar cierta solidez al equipo durante varias fases del campeonato, pero que tampoco consiguió evitar que la Cultural entrara en una peligrosa dinámica de resultados.

Cuando la situación comenzó a complicarse apareció la figura de Rubén de la Barrera. Su regreso despertó ilusión entre una parte importante de la afición. El técnico gallego devolvió competitividad al equipo, mejoró algunas prestaciones y recuperó la sensación de que la salvación todavía era posible.

Pero la realidad terminó imponiéndose.

La Cultural fue capaz de competir, pero no de ganar. Y en una lucha por la permanencia eso acaba siendo letal.

Los interminables 16 partidos sin ganar

Si hubo un momento que marcó definitivamente la temporada fue la interminable racha sin victorias.

La Cultural llegó a enlazar dieciséis jornadas consecutivas sin ganar, una losa imposible de soportar para cualquier equipo que aspire a mantenerse en el fútbol profesional.

Durante esos meses los leoneses desaprovecharon una y otra vez las oportunidades que ofrecían los errores de sus rivales directos. Cada vez que parecía abrirse una puerta hacia la permanencia, el equipo volvía a tropezar.

Hubo derrotas dolorosas, empates insuficientes y partidos que dejaron la sensación de que la salvación se escapaba poco a poco entre los dedos.

Una reacción que llegó demasiado tarde

La victoria ante el Valladolid devolvió algo de esperanza a la ciudad. Por primera vez en mucho tiempo el equipo parecía capaz de agarrarse a la permanencia.

Sin embargo, la reacción llegó tarde.

Las derrotas posteriores ante rivales directos como Albacete o Burgos terminaron condenando a una Cultural que necesitaba prácticamente un milagro en las últimas jornadas.

El equipo peleó hasta el final, pero cuando se acumulan tantos errores durante una temporada completa resulta muy difícil escapar del descenso.

La afición, la única que nunca falló

Si algo positivo deja esta temporada es la respuesta de la afición culturalista.

El Reino de León presentó grandes entradas durante todo el curso, incluso cuando la situación deportiva era crítica. Los aficionados acompañaron al equipo dentro y fuera de casa, agotaron desplazamientos y mantuvieron la fe cuando la clasificación invitaba al pesimismo.

La Cultural no encontró soluciones sobre el césped, pero sí pudo comprobar una vez más que cuenta con una masa social preparada para acompañar cualquier proyecto.

Tiempo de reconstrucción

Ahora comienza una nueva etapa.

La llegada de Asier Goiria a la dirección deportiva ya supuso el primer movimiento de un proyecto que busca reconstruirse desde sus cimientos. El director deportivo vasco ha apostado por Jandro Castro para liderar el banquillo y será el encargado de diseñar una plantilla capaz de volver a pelear por el ascenso.

La misión no será sencilla. Primera Federación es una categoría cada vez más exigente y la Cultural sabe mejor que nadie lo complicado que resulta abandonarla.

Pero también es cierto que el club dispone de una estructura sólida, una afición comprometida y una ciudad que sigue creyendo en el fútbol profesional.

El descenso duele. Y duele especialmente porque la ilusión apenas ha durado un año.

Ahora toca levantarse otra vez.

La historia reciente de la Cultural demuestra que no hay otro camino.

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