El Abanca Ademar León abrió esta semana un melón que nadie había pedido: el anuncio, en pleno mes de noviembre, de que Dani Gordo no continuará la próxima temporada como entrenador del primer equipo. Un comunicado escueto, sin explicaciones, sin pistas sobre quién toma la decisión, sin contexto… y, sobre todo, sin tener en cuenta el momento competitivo en el que se encuentra la plantilla.

El Ademar afronta un año clave: pelea por Europa, compite en EHF y mantiene vivo un proyecto que, con sus altibajos, está siendo reconocible. Y es precisamente ahora, cuando el equipo necesita estabilidad, unión y foco absoluto en la pista, cuando se decide anunciar que el técnico no seguirá.
¿Beneficia en algo adelantar esta noticia?
Sinceramente: no.
¿Perjudica? Probablemente sí.
A nivel deportivo, un vestuario necesita certezas, no ruido. Un entrenador al que públicamente se le pone fecha de caducidad –aunque siga toda la temporada– pierde automáticamente parte de su capacidad de liderazgo institucional. No porque él quiera, sino porque el mensaje que recibe el entorno es claro: «Ya se está pensando en el próximo proyecto».
Y ese pensamiento, que debería aparecer en mayo o junio, aparece en noviembre. En mitad de la Liga. En mitad de Europa. En mitad de todo.
El momento no tiene explicación
El club no ha dado motivos —y quizá ni siquiera los hay que justifiquen la prisa— para comunicarlo ahora. No estamos en marzo, no estamos fuera de objetivos, no estamos hablando de un proyecto agotado o de una crisis irreversible. Con más de la mitad de la plantilla en su último año de contrato y muchos negociando con otros equipos todo suena a que estamos ante un año de transición y queda lejos la ilusión que el equipo generaba al principio de temporada.
Se trata de un equipo que sigue compitiendo, que tiene margen de crecimiento y que se juega buena parte del futuro inmediato en los próximos meses. Abrir un debate artificial sobre el banquillo no suma. Despierta dudas. Genera ruido. Desestabiliza.
Una afición que merecía más claridad
El Ademar tiene una afición adulta, fiel y exigente. No necesita comunicados que parezcan redactados con prisa ni mensajes que invitan a preguntarse: ¿por qué ahora? ¿por qué así? ¿qué está pasando dentro?
Comunicar con transparencia no significa desvelar secretos internos, sino simplemente mostrar respeto: explicar la línea del proyecto, el porqué de las decisiones y, sobre todo, cuidar los tiempos.
Lo importante sigue estando en la pista
El equipo se juega mucho. Y Dani Gordo también. La plantilla tiene que convivir ahora con un ruido que podía haberse evitado. Un club grande no es sólo lo que hace en la pista. Es también cómo gestiona, cómo comunica y cómo cuida su entorno. Y esta semana, el Ademar ha errado el tiro.
Porque este anuncio, así y en este momento, no beneficia absolutamente a nadie… y sí puede complicar una temporada que aún tiene mucho que decir.
