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Mazazo gallego

por J. C. Álvarez Alaiz

El Deportivo supera sin mucho esfuerzo a una Cultural desconocida y lastrada por errores en defensa

La Cultural y Deportiva Leonesa volvió de Riazor con más preguntas que respuestas. El equipo de José Ángel Ziganda cayó con claridad (3-0) ante un Deportivo superior en todos los registros: en eficacia, en confianza y, sobre todo, en personalidad. Fue una derrota que dolió no solo por el resultado, sino por la forma: dos errores groseros en defensa abrieron la puerta a un partido que el conjunto leonés nunca supo cerrar.

Foto: Cydleonesa

Porque la noche en A Coruña no fue la del equipo reconocible de otros días. Ni la Cultural intensa de Santander, ni la competitiva de Valladolid, ni la atrevida que se impuso en Zaragoza. En Riazor, la Cultu se pareció más a la de sus momentos de duda: un bloque plano, impreciso, sin colmillo y frágil atrás. Un equipo que regaló los dos primeros tantos y que, cuando quiso reaccionar, ya se encontró desbordado por la inercia blanquiazul.

Zakaria fue el rostro del castigo. El neerlandés aprovechó un error en la cesión de Rodri Suárez a Edgar para abrir el marcador y, poco después, forzó la jugada del segundo tanto, servido a Soriano tras otro fallo en la salida culturalista. Dos golpes en diez minutos que dejaron al equipo leonés sin respuesta. En la segunda mitad, el propio Zakaria firmó el tercero y definitivo, completando una noche redonda para los de Imanol Idiakez y amarga para los de Ziganda.

Ni el balón ni la fe acompañaron a la Cultural. La ausencia de Luis Chacón —vetado por contrato— pesó más de lo previsto, y el equipo echó de menos su chispa entre líneas. Bicho, que salió en el segundo tiempo, recién recuperado, no logró cambiar el guion. Ziganda movió también el banquillo, dando entrada a Cortés, Tresaco o Ribeiro, pero nada alteró la dinámica de un partido dominado por la seguridad y el oficio del Deportivo.

El encuentro deja a la Cultural en una zona incómoda de la tabla, dentro tras la derrota, en los puestos de descenso y, sobre todo, obligada a recuperar sensaciones. Porque más allá del marcador, la derrota evidenció una fragilidad que parecía olvidada. Los leoneses, que tan buena imagen habían dejado en su última salida, se vieron superados en todas las fases del juego.

El fútbol, sin embargo, no concede mucho tiempo para la autocrítica. El próximo compromiso, ante el Málaga en el Reino de León, se presenta como una oportunidad —o una exigencia— para recomponer la figura, reencontrarse con su mejor versión y demostrar que lo de Riazor fue un accidente y no un síntoma.

El mazazo gallego duele, sí, pero también puede servir de advertencia. En una categoría tan exigente, los errores se pagan al contado.

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