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La Cultural gana un exigente partido y sigue firme en la Copa de España

por Redacción

El Palacio Municipal de los Deportes volvió a latir con fuerza en una tarde donde la Cultural y Deportiva Leonesa supo convertir la tensión en energía, la duda en coraje, y el miedo en un triunfo que ya empieza a dibujar un camino ilusionante en la Copa de España.

Didac MVP del partido Fotos: Rául Quijada

El partido arrancó cuesta arriba. Círculo Gijón, descarado, firme, se llevó el primer parcial como quien golpea primero para marcar territorio. La Cultural parecía lenta, demasiado fría, incapaz de seguir el ritmo eléctrico de los asturianos. El murmullo en la grada se mezclaba con cierta incredulidad: ¿de verdad el guion iba a empezar así?

Pero el baloncesto tiene ese pulso secreto que lo cambia todo en cuestión de minutos. Poco a poco, el equipo leonés fue cerrando filas, apretando dientes y reboteando con rabia. Las manos empezaron a robar balones, los tiros a encontrar aro, y la grada se fue contagiando de esa fe tan culturalista, que nunca desaparece del todo aunque las cosas pinten mal.

El tercer cuarto fue un tira y afloja, como un combate de boxeo en el que nadie se rinde. Cada canasta visitante encontraba respuesta, cada golpe tenía réplica. Pero León ya había encontrado la llave: la calma para esperar su momento.

Y ese momento llegó, claro, en el último acto. Allí la Cultural se desató. Las piernas parecían más frescas, los brazos más fuertes, la puntería más certera y ritmo insuperable para el rival. Cada rebote se peleaba como si fuera el último, cada defensa arrancaba aplausos, y la diferencia fue creciendo hasta dar la vuelta al marcador. Con Didac y Adriá al mando y con los Llamas liderando el empuje, el Palacio rugió como solo sabe hacerlo cuando huele la victoria: en pie, empujando a los suyos, recordando que aquí se gana también con corazón.

El bocinazo final dejó un 79-72 que sabe a mucho más que un simple triunfo. Sabe a carácter, a orgullo y a una Cultural que quiere soñar en grande en esta Copa. Dos victorias en dos partidos y la sensación de que el equipo tiene alma, de que este grupo sabe sufrir y sabe levantarse.

En León se celebró un triunfo, sí, pero sobre todo se celebró una manera de ganar: creyendo siempre.

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